El tamaño de tu empresa también es un requisito de producto

Casi todo software de selección está pensado para grandes departamentos de compras. Una empresa de 30 personas contrata de otra manera y su ATS debería notarlo.

Todavía es habitual elegir un ATS por la lista de funciones: cuantas más casillas marca, mejor parece la decisión. Es justo el criterio equivocado si tu empresa tiene entre 15 y 200 personas y contratas de forma intermitente, no con un departamento dedicado a filtrar candidaturas todo el año.

Mira cómo contrata de verdad una pyme. Quien fundó la empresa revisa candidaturas entre dos llamadas con clientes. La persona de RR. HH. redacta una oferta mientras cierra la nómina del mes. Quien lleva la selección cuela entrevistas un viernes por la tarde porque es el único hueco libre esa semana. Casi nada de lo que trae de serie un ATS pensado para una gran corporación encaja con esa rutina: flujos de aprobación de compras, pipelines de doce etapas por defecto, paneles de cumplimiento diseñados para un director de personas que en tu empresa no existe, modelos de permisos que dan por hecho un equipo de selección de catorce personas.

Construimos software específicamente para ese tramo del mercado (empresas de 15 a 200 personas, contratando entre tres y treinta puestos al año), y la lección que más se repite es esta: la mayoría del software de contratación está calibrado para una escala que no es la tuya, y se nota en cada pantalla.

Cómo elegir sin dejarte deslumbrar por la lista de funciones

El error habitual es evaluar un ATS igual que se evalúa un ERP: por cobertura funcional. Pero un ERP lo configura un equipo de sistemas a tiempo completo, y tu ATS lo va a abrir alguien que también hace entrevistas, publica ofertas y responde el chat de soporte del propio producto. Cobertura funcional no es lo mismo que utilidad real un martes cualquiera.

Antes de firmar nada, hazte dos preguntas muy concretas:

  • ¿Puedo explicarle esta pantalla a mi equipo en dos minutos, sin manual ni sesión de formación?
  • ¿Estoy pagando por una función que solo se justifica a partir de 300 empleados?

Si la respuesta a la segunda es sí, esa función no es un extra: es un coste que tu empresa lleva encima sin usarlo nunca.

Las dos maneras de construir software de contratación

Hay, en la práctica, dos caminos. El primero es construir para la empresa grande y dejar que la pyme se las arregle recortando lo que sobra. Ese camino se reconoce enseguida:

  • la quinta etapa del pipeline que nunca vas a usar, porque con tres te sobra
  • el panel de “diversidad” que necesita a alguien de analítica para interpretarlo
  • las plantillas de correo con el tono corporativo de una empresa del Ibex 35
  • el informe global que exige una matriz de permisos del tamaño de la nómina

Configurar eso no cuesta un rato: cuesta una semana, y cada trimestre el proveedor añade tres funciones más que también hay que apagar.

El segundo camino es construir pensando primero en la escala pequeña. Pipelines de tres etapas por defecto. Plantillas de correo en lenguaje llano. Un único nivel de permisos para equipos pequeños, con las opciones más finas escondidas detrás de una casilla que activas si de verdad las necesitas. Precios por tramos claros, con lo básico incluido, en vez de por asiento más por rol más por integración. Aquí conviene ser transparentes: nosotros vendemos precisamente este segundo tipo de software, así que pondera lo que sigue en consecuencia.

El error que casi toda pyme comete al evaluar un ATS

El error no es técnico, es de criterio: dar por hecho que “más grande y con más funciones” equivale a “más serio” o “más seguro”. Para una empresa de 300 recruiters puede ser cierto. Para un equipo de selección de una o dos personas es justo lo contrario: cada función de más es una superficie nueva que alguien tiene que entender, mantener y explicar el día que falla.

La pregunta que nos hacemos en Join antes de lanzar cualquier función nueva es esta: ¿esto sigue teniendo sentido para una empresa de 30 personas? Si la respuesta es no (si la función solo se justifica a partir de 300 empleados), va a otro nivel de producto o directamente no sale. Preferimos un producto más pequeño que encaje contigo, no uno más grande que te obligue a encajar tú.

Esa regla nos ha costado funciones que habrían quedado bien en una demo. Es el trade-off correcto. Las empresas para las que construimos no necesitan más software: necesitan uno que se quite de en medio para que puedan contratar a la siguiente persona y volver al resto del negocio.

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